Cronica
Temprano por la mañana el jueves 25 de Enero, por mensaje en un grupo de Whatsapp, el profesor de Periodismo ( Martín Hernández Alcántara) mando lo siguiente: " Hoy la cobertura es a las 11 para cubrirla sesión del Congreso", ubicado en el centro de la ciudad. Después de la confusión que se generó en todos sobre si debíamos ir o no, gracias a la aclaración del profesor nos hicimos a la idea de que debíamos ir.
Tras salir de la universidad y tomar la ruta "Azteca", la cual nos dejó un tanto alejado de nuestro destino, con el tiempo contado para llegar al evento que el profesor nos dio. Al llegar al lugar y encontrarnos con el resto del salón, el resultado fue molesto en su momento pues se nos nego la entrada. El profesor que ya estaba ahí, nos dijo que el cupo del lugar ya estaba lleno, y que al interponga entrar tardaríamos bastante y ya no había mucho sentido que entráramos para solo cubrir menos de la mitad del evento. Como reposición de este trabajo cancelado, tendríamos que hacer un recorrido por el centro a fin de luego crear una crónica.
Mis amigos y yo comenzamos a caminar hasta llegar al Zócalo mientras que compartíamos una que otra risa por los chuscos comentarios que se iban creando de temas varios, pasamos por varios locales y cerca de la Catedral. Por ser jueves temprano en la mañana, el centro se veía bastante tranquilo, sin tanto ruido y gente como se mira un fin de semana. Al llegar, dilatamos bastante en dar opciones diferentes para poder así escoger entre todos uno que a todos nos convenciera, mientras tanto nos dispersábamos por momentos para tomar fotos, grabar video o simplemente para perder un poco de tiempo hasta saber a dónde ir.
Las personas de nuestro alrededor iban y venían, habían unas que otras familias así como jóvenes y mayores dispersos en las bancas del Zócalo. Los turistas aprovechaban para tomar foto a la catedral o los diferentes edificios que rodeaban el lugar. Entre los turistas pude divisar a unos que con sus ojos rasgados resaltaban entre los otros tantos con pieles pálidas como los de un fantasma, quienes en principio estaban dispersos por el lugar, después de un rato se reunieron haciendo un gran grupo de personas que al tener de cerca a unas cuantas de mis amigas pidieron -entre gestos y una que otra palabra en algo parecido al español- una foto con un par de chicas que tras escuchar hablar supe con algo de seguridad eran de Corea. Fue algo bastante fuera de lo común.
Retomamos las risas al decidir ir en dirección al al Barrio del Artista, uno de los más visitados de la ciudad, así como uno de mis preferidos. Emprendimos la caminata, pero no conseguimos más que un par de metros en avanzar, pues unas chicas del grupo decidieron aprovechar para tomarse fotos en las letras coloridas que formaban la palabra Puebla. Después de ello, ahora sí nos dirigimos al destino determinado. Unos caminaban a paso lento y relajado quedando a veces atrás, por lo que en varias ocasiones algunos esperábamos a estar de nuevo al parejo y continuar.
Tras recorrer un par de calles, una de mis amigas hizo que el grupo se detuviera , pues al pasar frente a un edificio había una chica con buen estilo que fumaba despreocupada llamo su atención, pues por lo que dijo le parecía malo dejar la oportunidad de una buena foto, la cual tomo tras el consentimiento de la joven.
De nuevo, sin avanzar mucho desde la última parada, se comentaba que sería mejor aprovechar el momento e ir a comer algo a el Café Milagros, del cual había escuchado tiempo atrás y en su momento no pude visitar, así que seguí a los demás sin objeción alguna, impulsada por el hambre y la curiosidad.
Al entrar al lugar, la decoración estaba llena de colores vibrantes. Nos encontramos con varios compañeros del salón que al parecer llevaban más tiempo en el lugar. Cuando terminamos de reunir las mesas necesarias para que los once que éramos pudiéramos sentarnos juntos, cada quien tomó un menú. Nos tomo buen rato elegir un par de platos para que pudiéramos compartir entre todos.
Mientras esperábamos, el joven que nos había tomado orden nos llevó un listón de color azul, los que ya habían visitado el lugar me explicaron que en el listón podríamos escribir nuestros nombres, una frase, un algo que sirviera como marca del momento, el cual se colgaría con los demás que adornaban los barandales del restaurante.
Después de jugar con las iniciales de los once nombres con el fin de crear un buen nombre para el grupo y escribirlo en el listón, todo termino en decidir escribir una frase que salió de una de nosotras mientras pensábamos en voz alta, acompañada de los nombres de todos.
Disfrutamos bastante de la comida que se había pedido así como del ambiente que habíamos formado acompañado de la música que ofrecía el lugar, pero comimos con algo de prisa, pues se iba haciendo algo tarde para llegar a tiempo a la siguiente y última clase que teníamos.
Terminando de hacer las cuentas para pagar de forma equitativa y esperar que nos trajeran la cuenta para pagar, tomamos nuestras cosas, se amarró el listón y salimos del lugar, topándonos de nuevo con más compañeros, que igual que nosotros emprenderían camino a la facultad.
Tras esperar unos minutos en la parada y subir al camión, las risas, los chistes y comentarios absurdos fueron parte del ambiente de nuevo. A pesar de la distancia del centro con la facultad y de lo tarde que era, llegamos justo a tiempo con suerte de entrar casi al mismo tiempo que la profesora.



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